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Sindicatura de ‘La Noria’ ofrece tianguis de Artesanías los Domingos

La Noria, Mazatlán Sinaloa.- Desde agosto pasado, habitantes de esta sindicatura, ubicada al norte, a pocos kilómetros del puerto, se preparan cada domingo con alimentos y artesanías que ofrecen en el Tianguis gastronómico y artesanal “La Noria mi pueblo querido”_

La Noria, Mazatlán.- La música de banda da alegremente la bienvenida a este poblado. Las notas de “Arriba La Noria”, “Mi gusto es” y “El sinaloense” producen en los visitantes y locales un sentido de pertenencia.

Es domingo, alrededor de las 11:00 horas. Dos horas antes, en el cobertizo del lugar comenzaron a instalarse alrededor de una veintena de pequeños puestos, en los que pobladores ofertan alimentos y productos artesanales elaborados con sus propias manos.

Una enorme lona anuncia que esta romería dominical es el Tianguis gastronómico y artesanal “La Noria mi pueblo querido”.

Los puestos se convierten en una especie de cerco que encierra a por lo menos unas 18 mesas de plásticos vestidas con coloridos manteles.

Cada una de ellas tiene cuatro sillas y algunas ya están ocupadas por turistas y lugareños que mueven plácidamente las mandíbulas.

La banda del pueblo está montada en el quiosco de la pequeña plazuela. Desde ahí, doce músicos jóvenes entonan “La Cuichi”, “Cinco de chicles” y le dedican “Las mañanitas” a un casual cumpleañero.

Nadie resiste un paseo por entre los puestos. En una mesa está un recipiente lechero que contiene agua de piznate, una bebida fresca a base de maíz y piloncillo. Ahí también hay espacio para unas cazuelas de barro con guisos para exquisitos tacos hechos con tortillas que van del comal a la mesa.

La banda sigue tocando y el vocalista canta “La feria de las flores”. El aromático recorrido sigue mientras la boca se hace agua y el estómago ruge.

En otros cinco puestos, unas mujeres de sonrisa fácil ofrecen tamales de camarón y picadillo, empanadas de calabaza, de cajeta, piña y guayaba.

También hay queso y requesón, cajeta y leche quemada que se mantienen frescos con cubitos de hielo encima de sus recipientes.

Los adultos deambulan sin preocupación, tranquilos, porque saben dónde andan los pequeños: están a unos cuantos pasos, entretenidos, divertidos y supervisados por Dolores Peraza en el “Club Kids”.

En ese espacio chiquito, bajo los árboles de la plazuela y a un costado de las bancas de concreto, los chiquillos pintan figuras de yeso, comen palomitas, cacahuates y algunas golosinas mientras sacan al artista que llevan dentro para darle vida y color a la imagen.

Sigue la excursión del antojo y la admiración. Otro puesto muestra bisutería elaborada con productos naturales; semillas de calabaza, girasol, frijol, tabachín, cáscara de pistaches, copalquín, bolas de San Juan y hasta bugambilias son transformados en vistosos y coloridos aretes, collares y pulseras.

Leticia Marchén Osuna atiende gentilmente a sus posibles clientes y comparte con ellos su planes de instalar un taller en el pueblo para elaborar estos productos, y pretende dar trabajo a 15 mujeres.

En los siguientes tenderetes hay cintos, huaraches para dama, artículos hecho a base con madera como resorteras pintadas con alegres motivos, un bule que tiene plasmado un impresionante dibujo y sillas de montar.

Dos hombres charlan y uno le dice al otro: “¿ya viste, ahí hay tequila?” y el otro sugiere luego de sonreír culposamente: “vamos a probrarlo”.

El expositor explica el precio y tipo de productos que vende, mientras anima a los dos caballeros a seguir saboreando la bebida de origen ancestral.

En La Noria, el tequila Los Osuna se elabora desde 1876 y en su destilera trabajan 42 personas, incluyendo las del campo.

Más adelantito hay aguas frescas y otros antojitos como ceviche de camarón, buñuelos, dulce de cajeta, de calabaza y de vainilla.

La excursión del gustillo pecaminoso, del antojo, termina a las 4 de la tarde, mientras la música toca, la boca agua y la tripa gruñe.

Véngase a La Noria un domingo. Esta es tierra con historia, de creadores y de un exquisito sazón. Tráigase su dinerito que la aventura del sabor ¡vale mucho la pena!

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