Estados Unidos.— La llamada Junta de Paz, impulsada por el presidente Donald Trump, fue presentada como un órgano para supervisar un alto el fuego y la reconstrucción en Gaza; luego amplió su mandato a crisis en otras regiones.
Puntos clave
- La presidencia recaerá exclusivamente en Donald Trump, sin límite temporal definido.
- El mandato inicial en Gaza se amplió a prevención y resolución de conflictos globales.
- La carta fundacional no define sanciones ni obligaciones vinculantes para estados miembros.
- Al menos 25 países aceptaron la invitación; varios aliados europeos y la ONU mostraron reservas.
Estructura y liderazgo: Donald Trump y la junta ejecutiva
La propuesta establece una presidencia exclusiva para Donald Trump, que conservaría el cargo aunque deje la Casa Blanca, según el borrador del estatuto. El texto atribuye al presidente amplios poderes ejecutivos, incluido el veto sobre decisiones y la facultad de remover miembros.
Además se creará una junta ejecutiva fundacional integrada por figuras del entorno político, diplomático y empresarial del gobierno estadounidense. El diseño busca centralizar la toma de decisiones en ese órgano inicial.
Integrantes fundacionales
- Marco Rubio, secretario de Estado de Estados Unidos
- Steve Witkoff, enviado especial para Medio Oriente
- Jared Kushner, asesor y yerno de Trump
- Tony Blair, ex primer ministro del Reino Unido
- Marc Rowan, director de Apollo Global Management
- Ajay Banga, presidente del Banco Mundial
- Robert Gabriel, asesor cercano a Donald Trump
Mandato, financiamiento y coordinación con la ONU
La carta constitutiva define el alcance y la membresía, pero no aclara los mecanismos de cumplimiento ni la autoridad legal del organismo. Tampoco especifica despliegues militares, sanciones o obligaciones vinculantes para los estados miembros.
El estatuto prevé mandatos de tres años, renovables, y una modalidad de membresía permanente mediante aportes voluntarios de hasta 1,000 millones de dólares. La Casa Blanca dijo que la contribución no es obligatoria, pero concede beneficios institucionales.
Varios críticos advierten que la iniciativa podría socavar al sistema multilateral liderado por la ONU. El Vaticano adelantó que, si participa, excluiría aportes financieros; en Europa se percibió la cláusula de pago como una potencial privatización del multilateralismo.
Adhesiones, rechazos y dudas de grandes potencias
El organismo ya cuenta, según la Casa Blanca, con al menos 25 países invitados que aceptaron. Entre los confirmados figuran varios estados de Medio Oriente y otras naciones con vínculos diversos con Washington.
- Adherentes anunciados: Israel, Arabia Saudita, Emiratos Árabes Unidos, Qatar, Bahréin, Jordania, Egipto, Turquía, Hungría, Pakistán, Indonesia, Vietnam, Marruecos, Kosovo, Uzbekistán, Kazajistán y Paraguay.
- Aceptaciones polémicas: Bielorrusia, Armenia y Azerbaiyán también aceptaron la invitación.
Varios países declinaron o se mostraron cautelosos. Entre los rechazos o reservas públicas están Noruega, Suecia, Eslovenia y Francia; Alemania, Reino Unido y Japón no han definido una postura pública.
«Me resulta difícil imaginar compartir un órgano con Rusia tras años de guerra.» — Volodímir Zelenski
Moscú y Pekín aún no confirman su presencia, y observan la iniciativa con cautela. Analistas plantean que un foro paralelo, dominado por una potencia, podría debilitar mecanismos de control colectivo existentes.


































































































